“Viajar” sin viajar: El Poder de los Mapas

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El poder de los mapas

De pequeño siempre me gustaron los mapas, pero fue de grande, cuando estos llegaron a fascinarme. Cuando hablo de ellos no me quiero cerrar solo en los mapamundis, sino que existe un interminables espectro de mapas que me encantan. Están lo de ciudad, los del metro, los antiguos, los de shoppings, hasta aquellos imaginarios, como los del Señor de los Anillos. Me cuesta resistir la tentación de estar frente a uno, y no viajar con la vista, con la imaginación, de un lado para otro, de país en país, saltando fronteras (Les recomiendo leer el Post “Un Mundo sin Fronteras”), sin necesidad de visas o permisos, de continente a continente, sin la obligación de subirme por horas a un avión, recorriendo lagos, mares, desiertos y océanos solo con el vaivén de mis ojos.

De chiquito recuerdo, en casa de mis abuelos, había un antiguo globo terráqueo, de esos en donde el color azul cielo de los océanos se había transformado en amarillo añejo con el paso de los años, y me lo quedaba mirando por horas. Todo a mi alrededor era gigante, infinito, mi barrio, mi ciudad, mi país, hasta la casona en donde ellos vivían, y sin embargo allí sentado, tenía la habilidad de recorrer continentes enteros con un simple movimiento de mis dedos. Sentía que todo estaba cerca, que el mundo estaba a mi alcance y solo debía estirarme un poquitito más para tenerlo en mis manos.

Los mapas tiene un hechizo peculiar, desconozco cómo o por qué lo hacen, pero logran hipnotizarme. Serán los colores, sus formas, la incontable información que nos regalan con solo obsérvalos, o será por el simple hecho de que, gracias a ellos, podemos ubicarnos, decir “NOSOTROS ESTAMOS AQUÍ”, de cierto modo, nos tranquiliza, nos hace pertenecer, pero saberlo, y pensar en cuan pequeños somos, y cuanto aún nos falta descubrir, nos motiva para lanzarnos hacia lo desconocido. Hay tanto por explorar que, de ahora en más, me rehúso a quedarme quieto.

Siempre me encantaron los mapas antiguos - Otro mapa, otra realidad.

Siempre me encantaron los mapas antiguos – Otro mapa, otra realidad. Imagen de es.wikipedia.org

Un mundo sin rumbo

Imaginemos por unos momentos un mundo sin mapas, sin direcciones, sin ubicaciones, podríamos sentirnos perdidos, inmerso en la inmensidad de lo desconocido, y sin embargo, ese escenario existió, y la curiosidad del hombre pudo más, somos seres curiosos por naturaleza, nos encanta explorar, descubrir, adentrarnos en lo misterioso.

Los mapas son nuestros aliados, y aunque a veces no es mala idea dejarlos en casa y perderse por alguna ciudad, o alguna callecita que nos llame la atención, siempre estarán presente en cada una de nuestras aventuras. En mi casa tengo un caja repleta de los que usé en mis viajes por Europa, y cada vez que la abro, siento como brota esa magia desde dentro. Aquellos arrugados, rotos y enmendados, todos escritos, son los que más añoro, los que más me gusta mirar y pasarles la mano cariñosamente por arriba, ellos me hacen creer que los exprimí al máximo, y que les saque todo el jugo que tenían para darme.

Viajar a través de los mapas es sencillo, no existen los obstáculos, ni aquellos impuestos por el hombre, ni los que erigió, o colocó, la naturaleza, no existen montañas, ríos ni fronteras, mucho menos visas. Los mapas nos hablan, nos invitan, nos alientan a enfrentarnos a las distancias, nos dicen “Si está tan cerca, ¿por qué no?Todo sueño comienza con una idea, y esa idea se empieza a hacer realidad mirando uno. No importa sin son 100, 1.000 o 10.000 kilómetros los que tendremos que recorrer, soñar es gratis, y mientras tengamos un aliado de esta magnitud a nuestro lado, ningún sueño es suficientemente grande o imposible.

Para los amantes de los mapas, les dejo el link a un post de Taringa lleno de mapas antiguos del mundo.

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