De Viaje por Perú: Arequipa y el Valle del Colca

Salimos de Puno buscando escapar un poco del frío y de los 3900 metros de altura que parecían exprimir nuestras cabezas intentando sacarles jugo. Tomamos el bus nocturno que nos depositaría en nuestro próximo destino dentro del Perú.

5 horas y 1600 metros más abajo, abrí la cortina para dejar entrar los primeros rayos de sol, y mi vista chocó con la postal más repetida de la ciudad, el Misti. El volcán, ubicado a sus pies,como si la naturaleza les hubiese obsequiado un distintivo inigualable a la ciudad, es el orgullo -y amenaza latente- más grande que tienen los Arequipeños. Junto a sus hermanos menores, el Chichani y el Pichu Pichu, aún conserva su fuego interno –similar al que sentiría días más tarde luego de probar un bocado de rocoto peruano– y forma parte de la trilogía de gigantes “protectores” de uno de los asentamientos más coloniales de todo el país.

La “Ciudad Blanca”, como es conocida gracias a que el centro histórico está hecho principalmente de sillar, piedra blanca producto de una erupción siglos atrás, sería nuestra base para llegar a uno de los lugares más bellos de nuestra travesía: El Valle del Colca.

Plaza de Armas de Arequipa

Plaza de Armas de Arequipa

Decidimos contratar una excursión que nos llevaría a través de la Reserva Nacional Salinas – Aguada Blancas, haciendo noche en Chivay, para terminar en Cruz del Cóndor donde, si la suerte nos acompañaba, seriamos testigos del vuelo de una de las aves de mayor envergadura del planeta tierra.

De Arequipa al Cañón del Colca

Temprano, al día siguiente, subimos a una combi junto a grupo de extraños que serían nuestros compañeros de aventura. Los tímidos saludos al subir poco se corresponden a los besos, abrazos y buenos deseos al momento de despedirnos dos días más tarde. La intensidad, y la fugacidad con la que vivimos los viajes hacen que incorporemos todo a una velocidad inusual, derribando filtros y prejuicios a diestra y siniestra. Esa intensidad al conocerse, al hacer amigos por uno o dos días, al amor viajero, a compartir historias, a saborear cada comida con inusitada pasión. Aquel que no este dispuesto a ser esponja,  poco tiene que hacer viajando.

Nuestra familia adoptiva estaba conformada por una pareja de argentinos, cuyo sueño era adentrarse en el amazonas peruano, tres brasileñas, que preferían el pobre y dudoso inglés de nuestra guía, antes que su perfecto portuñol, una limeña y una pareja mayor oriunda de Arequipa.

Camino a Chivay, donde haríamos noche, nos encontramos con un grupo de vicuñas, esos tiernos camélidos que aún no comprendo como no fueron protagonistas de alguna película de Disney (tengo marca registrada por si lo hacen). Admiramos la espalda del Misti, nos topamos con el Edén de las alpacas, y subimos a más de 4900 metros de altura para rendirle tributo a la Pachamama, colocando una piedra arriba de otra, formando una apacheta.  Luego de 4 horas de subidas y bajadas, curvas y contra curvas, llegamos a “la ciudad del amor”, apelativo inusual si la comparamos con su homóloga europea. Hambrientos, y desoyendo cualquier consejo sobre comer liviano en las alturas, nos dimos un panzazo de gastronomía autóctona en el buffet del hostal donde nos alojaríamos.

A 4910 msnm

A 4910 msnm

El Edén de las Alpacas

El Edén de las Alpacas

Carteles y Vicuñas por la Ruta

Carteles y Vicuñas por la Ruta

Al día siguiente nos levantamos temprano ya que, aconsejados por nuestra guía, el show de cóndores tenía como horario estelar de comienzo las 9.30 am. Nuestra primer parada fue Yanke, un pueblito colorido perdido en la montañas que parecía cobrar vida en el momento justo en que los buses arribaban con el alba a su plaza principal. Una simple parada de 20 minutos me dejó preguntándome que sería de aquellos puestos, de aquellos vendedores ambulantes, una vez que los turistas desaparecían. La segunda parada fue Maca, otro pueblo semi fantasma cuyo única atracción visible era su iglesia, clausurada momentáneamente por el robo de una de sus joyas más preciadas, y donde madre se tomó la foto, a voluntad, con la llama y el águila.

Plaza principal de Yanke

Plaza principal de Yanke

Plaza principal de Yanke

Plaza principal de Yanke

La llama, el águila y la vieja .. digo digo .. mi madre

La llama, el águila y la vieja .. digo digo .. mi madre

Un espectáculo único

Finalmente llegamos a Cruz del Cóndor. Una veintena de buses de todos los tamaños se encontraban ya aparcados en un improvisado estacionamiento. El Valle del Colca se extendía bajo nosotros, como una cicatriz, profunda e imponente, en el planeta. Herida que los habitantes preincaicos supieron aprovechar para construir sus terrazas de cultivos. Expectantes aguardamos el inicio del espectáculo. Había llegado la hora estipulada, el cielo azul se encontraba completamente despejado. No había señales de nubes, y mucho menos de cóndores. La paciencia caminaba por un delgado hilo, intentando no caer en las redes de la frustración. Y de un momento a otro, casi sin aviso previo, la cortina –de aire cálido- se levantó, permitiendo el planeo de esas majestuosas aves. Un símbolo de fuerza, libertad, poderío, grandeza, valor y búsqueda de horizontes sin límites sobrevolaba nuestras cabezas. Los flashes de las cámaras eran lo único que interrumpía ese silencio absoluto de admiración, no por nada los Incas los consideraban una criatura mística, capaz de conectar la tierra con los cielos, y responsable de que el sol apareciera cada mañana.

Cruz del Condór

Cruz del Condór

Cicatriz del Planeta - Cañón del Colca

Cicatriz del Planeta – Cañón del Colca

Cóndores en el aire del Colca

Cóndores en el aire del Colca

Cóndores en el aire del Colca

Cóndores en el aire del Colca

El Cañón del Colca será la segunda grieta más profunda del mundo pero su magnificencia no se encuentra en lo hondo de su abismo, sino en sus colores, en su flora y su fauna, en esa inmensidad que nos hace sentir pequeño al lado de tanta grandeza. Una visita obligada de la que cual nadie podrá arrepentirse.

Cañón del Colca - Una Belleza Inigualable

Cañón del Colca – Una Belleza Inigualable

Cañón del Colca - Una Belleza Inigualable

Cañón del Colca – Una Belleza Inigualable

Cañón del Colca - Una Belleza Inigualable

Cañón del Colca – Una Belleza Inigualable

Datos Útiles
Transporte

El bus nocturno desde Puno a Arequipa nos costó 50 soles, y la compañía se llama JULSA.

El bus desde Arequipa hacia Nazca, el destino al cual nos dirigimos luego, tiene un costo en coche cama de 115 soles y la compañía que utilizamos es una de las mejores en todo Perú: CRUZ DEL SUR.

Excursiones

La excursión al valle del Colca la contratamos en una agencia que se encuentra pegada a la plaza principal de Arequipa. El costo de la misma es de 165 soles e incluye:

  • Transporte y Guía
  • 2 días 1 noche con Alojamiento
  • Desayuno
  • 2 Almuerzos
  • 1 Cena
  • La Entrada al Parque para llegar a Cruz del Cóndor es de 40 soles y no está incluida en el precio.
Alojamiento

En Arequipa nos hospedamos en un muy lindo hotel llamado Casona Plaza Colonial Hotel, ubicado a tres cuadras de la plaza de armas. La noche, en base doble, tiene un costo de 40 USD e incluye:

  • Desayuno completo con café, leche, jugos, huevos revueltos, jamón, queso, budines y tostadas.
  • Wi-fi gratis

En Chivay nos alojamos en el Parador Hostal Los Portales (al contratar la excursión en las agencias, el precio de la misma varía según donde nos queramos hospedar). El mismo incluye:

  • Desayuno
  • Wi-fi gratis

En Chivay hay un complejo de aguas termales medicinales, el cual es opcional y no suele estar incluido en las excursiones al Valle del Colca. El precio de la entrada es de 15 soles y cuenta con 3 piscinas: 1 techada y 2 descubiertas exclusivas para turistas. No las visité, pero muchos de los que fueron me la recomendaron. 

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