Viajar por Nueva Zelanda: Kiwi Exp. – Día 1 Kaikoura

Escucho a las rutas llamarme. Son voces graves que me invitan a rodar”. Así empieza Convide Rutero de Almafuerte y así me siento. Parece ayer que llegué a Nueva Zelanda y sin embargo en estos 6 meses he vuelto a echar raíces a la vida sedentaria. La mochila, olvidada dentro del armario, junta polvo y clama salir a respirar un poco de aire fresco. Había llegado el momento de vivir un poco la parte Holiday (vacaciones) de esta visa, y que mejor que con la compañía de una argentina que llegaba para tachar su quinto continente: mi madre.

Nos levantamos temprano, y todavía frotándonos los ojos, nos fuimos a tomar el bus que nos llevaría al primero de nuestros destinos. Kaikoura, un diminuto pueblo de poco más de 3000 habitantes que fue en sus inicios centro de la industria de caza de ballenas en Nueva Zelanda. Actualmente, siguen siendo los mamíferos más grandes del mundo la principal razón de su riqueza. Por suerte, los tiempos y la mentalidad del hombre cambió, y hoy se las persigue con el único propósito de deslumbrarse con su grandeza.

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Llegamos cerca del mediodía, comimos y nos pusimos como meta caminar los 4 kilómetros que nos separaban de la primera, y más cercana, colonia de focas, otra de las atracciones de este pueblo junto a los delfines. Caminamos, caminamos y caminamos hasta decidir parar justo al lado de una zona de juegos infantiles. Volvía a estar junto a mi madre cerca de un tobogán, un subi-baja, un columpio. Para mi sorpresa fue ella la primera a la que se le iluminaron los ojos y dijo “sácame una foto que me tiro del tobogán”. Mi oportunidad llegó segundos más tarde, y aunque lo recordaba más rápido y vertiginoso, fue el alimento perfecto para mi niño interior.

Luego vino mi turno del columpio. Mi madre no tardo en colocarse a mi lado y comenzó a columpiarse. Me paré, saqué mi cámara con cuidado para que ella no se de cuenta y le tomé una foto. Cuando miré por el visor, vi a una mujer, una señora de 60 años volviendo a sentirse viva, alguien que finalmente decidió que lo más importante de esta vida es ser feliz y se atrevió a dejar cualquier prejuicio de lado para cruzarse medio mundo y viajar con su hijo. Volví a subir la cabeza, ella volteó y me dijo “Cuando madures, venme a buscar a un columpio”. Ahí comprendí todo. Nunca se es demasiado viejo para sentirse vivo. Una de esas enseñanzas que guardaré por siempre conmigo. Todavía quedaba un largo trayecto, así que maduramos instantáneamente y volvimos a la ruta.

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Mientras caminábamos, miré hacia un costado y un grupo de ovejas bajaban pegaditas por la ladera de una colina. Rápidamente advertí a mi madre que soltó un carcajada que mezclaba sorpresa y ternura. Fue un momento, un segundo y sin embargo me dejó pensando “Que lindo es seguir sorprendiéndose con cosas ínfimas”. Siento que una de las razones por las que amo viajar es ese sentimiento de constante sorpresa, constantes descubrimientos. Puede que sea tan simple como mirar cara a cara a una foca bebé o ver por primera vez un grupo de delfines en mar abierto haciendo las piruetas que pensé solo hacían en los acuarios. Viajo para regocijarme con los pequeños regalos que hace el camino, y creo que solo pararé de hacerlo cuando ese sensación se extinga por completo.

Colonia de focas en Kaikoura

Colonia de focas en Kaikoura

Un emotivo reencuentro, un primer día mágico y esto recién comienza. Próximo destino Parque Nacional Abel Tasman y Kaiteriteri, o más fácil, la punta norte de la isla sur.

Comments

  1. Hola Favio! Espero que estes bien, tengo pensado irme de viaje el año que viene entonces estoy investigando un poco. Recien encontre tu blog y ya se me pone la piel de gallina de solo leer algunos post. Ojala sigas haciendo lo que te hace feliz y gracias por contagiar esas ganas de viajar. Un abrazo!

    1. Author

      Gracias Dani 😀

      Realmente me alegra mucho poder llegar a la gente e intentar, desde las palabras, convencer a que se animen a cumplir sus sueños.

      Abrazo gigante

      Favio

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