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El Tren del Terror II: Reloaded

Aquí llega la esperada segunda parte de mi viaje en tren junto a mi ex novia desde Budapest hasta la ansiada ciudad de Estambul. Para aquellos que aún no hayan leído el post anterior (El tren del terror), el mismo relataba la experiencia del primero de los trenes hasta la capital de Bulgaria, Sofia. En este segundo post me gustaría centrarme en la odisea que vivimos en el tren que finalmente nos depositaría en Estambul.

Luego de vivir una aventura de terror en el primer tramo del viaje, decidimos descansar dos noches en Sofia. La verdad que lo único destacable de dicha ciudad fue el Hostel donde nos hospedamos, que de mas esta decir, el único recepcionista que lo atendía solamente hablaba Francés (Gracias a dios, había estudiado 2 años de francés por lo que me llegue a comunicar con él, mitad hablando, mitad por señas).

La ciudad me hizo acordar muchos a esas películas que se desarrollan en la antigua Unión Soviética. Edificios grandes, cuadrados y en un estado pecaminoso. Sumado a eso, la ciudad se encontraba en un fin de semana largo, por lo que la poca gente que quedaba en la calle eran aquellos pocos atrevidos que se le animaban a esta extraña ciudad y aquellos personas que pedían limosnas, los cuales eran bastantes insistentes para nuestro gusto.

En Sofia con la Catedral de Alejandro Nevski detrás

En Sofia con la Catedral de Alejandro Nevski detrás

Finalmente luego de dos largos días en Sofia, nos decidimos a embarcarnos en el siguiente tren. El viaje que nos esperaba por delante comenzaría a las 18 horas y se extendería hasta las 8am del siguiente, por lo que pasaríamos toda la noche en el tren. Decidimos sacar dos literas en un compartimento de tres, por lo que sabíamos que, esta vez, seriamos mayoría dentro del mismo.

Cuando entramos al mismo, comprendimos porque el pasaje nos había salido tan económico. Era prácticamente imposible que tres personas con sus respectivos equipajes ingresen cómodos en dicho compartimento. Imagínense que cada litera medía 1.80m de largo y unos 60cm de ancho. Pero una vez más la suerte estuvo de nuestro lado y esa tercer litera jamás se ocupó.

El viaje empezó de lo más normal, nos quedamos leyendo y charlando sobre los atractivos que queríamos recorrer cada uno una vez que llegáramos a Estambul y aproximadamente a las 00.00, decidimos recortarnos. Las tres literas se ubicaban horizontalmente una sobre otra, mi ex novia se encontraba en aquella más cercana al piso y yo en la del medio.

Decidimos apagar las luces para dormir mejor, pero mientras navegaba apaciblemente por mi segundo sueño la voz de mi novia me despertó de mi letargo. Me dice “Faaa prende la luz”, y cuando lo hago, es cuando comienza la odisea. 3 bichos del tamaño de una chinche caminaban por el cuerpo de ella. Automáticamente ella se levanta y empieza a sacudirse toda, a lo que yo la acompaño quitándome algunas chinches de encima también. Realmente no sabía que eran estos bichos pero la poca información que disponía era que picaban, dejándote una roncha y que eran muy duros de matar, hecho que comprobé después de intentar pisar tres veces a uno sin lograr mi cometido de matarlo.

Prácticamente nos fue imposible dormir en toda la noche después de este hecho. Nos ubicamos los dos juntos en la tercer litera, la que quedaba arriba de todo, añorando que dichos bichos no tengan la capacidad de escalar o que sufran de vértigo a las alturas, pero imagínense lo incomodo que estábamos. A esto se le sumo que ya estábamos perseguidos por lo que estábamos altamente susceptibles a cualquier movimiento, ruido y picadura de las cuales el 99% eran solo parte de nuestra imaginación.

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Cuando finalmente logramos conciliar el sueño nuevamente, otro sonido vuelve a despertarme de mi sueño. Esta vez era alguien que golpeaba agresivamente la puerta del compartimiento. Habíamos llegado a la frontera con Turquía y debíamos bajar para pasar por la Aduana. Nos bajan a todos del tren y nos hacen hacer dos filas. Miro mi reloj, eran las 4 de la mañana, todavía nos quedaban 4 horas más de viaje. Las filas, eran para aquellos que necesitan Visa, y aquellos que no. Sorpresivamente para mí, países como Estados Unidos, España o Australia necesitaban Visa para ingresar mientras que los Argentinos estamos eximidos de tenerla.

Llega mi turno para acercarme a ventanilla. Entrego mi Pasaporte y detrás del vidrio había dos turcos con cara de muy pocos amigos. Observan mi pasaporte y mi cara repetidas veces, comienza a discutir entre ellos (Realmente no entendía absolutamente nada de lo que hablaban) y con un golpe seco estampan la Visa en una de las ultimas hojas de mi pasaporte. Justo detrás mío se encontraba mi novia, por lo que decido quedarme a un lado de ella, cerca, por si tenía algún inconveniente similar. Pero para mi sorpresa, al verla a ella, los dos agentes de Aduana cambian drasticamente la cara, se ponen a charlar muy amigablemente con ella, escucho palabras como “Argentina, Messi, Maradona, Fútbol“, risas y sin siquiera mirarle el pasaporte deciden sellarle la Visa. Es en este momento cuando me doy cuenta que no existen fronteras para la simplicidad de los hombres, somos todos iguales. Simples y Básicos.

Luego de otras 4 horas en donde apenas pudimos cerrar un ojo terminamos arribando a Estambul. Nos despedimos de nuestros compañeros de cuarto, que nos habían mantenido en vilo toda la noche y bajamos del tren. La Odisea había llegado a su fin, con alguna que otra roncha en el cuerpo y bastante sueño llegamos a la mágica Estambul.

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Bueno esta historia termina de englobar el viaje hacia Estambul desde Budapest y la llegada a la ciudad misma. Engancha con el momento previo, Post  “El tren del Terror” y el momento posterior, Post “Un día de Furia”. Para leer el primer post haga click aquí “Tren del Terror: Parte I“, y aquí para el segundo “Un Día de Furia“.

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