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Sueños desvelados

El hostel. Esa casa, lejos de la propia, que sabe darnos refugio cuando nos encontramos fuera, cumpliendo nuestros sueños. Cuantas anécdotas, cuantas experiencias. No podemos, solo simplificarlos, como una morada, sino que siempre me gustó rotularlos como la universidad del viajero. Allí dentro, nos instruimos sobre otras costumbres, aprendemos nuevas y distantes lenguas, tomamos cursos acelerados de gastronomía internacional, y todo ello, reservando solamente una pequeña cama, en un cuarto abarrotado de ellas.

Y así como compartimos vivencias, la cocina, el patio y los espacios en común, también nos toca compartir los cuartos, y muchas veces esto último, es un generador de anécdotas en sí. No de las más graciosas al momento de vivirlas, pero sí al momento de relatarlas. Les dejo algunas de las torturas que tuve que soportar en mis viajes. Que se diviertan!!!!!!!!

El eterno resoplido
Dejameeeee dormiiiiiiiiiiiiiiiiiir, tengo sueño - Imagen de commons.wikimedia.org

Dejameeeee dormiiiiiiiiiiiiiiiiiir, tengo sueño – Imagen de commons.wikimedia.org

Me encontraba en Roma, cuna de la civilización, por segunda vez, y seguía tan enamorado de ella, como la primera vez que nos habíamos vistos las caras, un año atrás.  Después de un largo día de caminata, me disponía a depositar mi cabeza en la almohada y entregarme a los sueños. La noche transcurría sin sobresaltos, hasta que una alarma natural, perturbó mi descanso. Un brasilero que se había instalado ese mismo día, dormido boca arriba, roncaba como foca en celo, con inusitada fuerza. Mi novia, que se encontraba junto a mi, despierta por estos llamados de apareamiento.

Intente conciliar el sueño nuevamente, tarea titánica, ya que los ronquidos eran constantes, y su volumen aumentaba con cada respiración. Decidí alumbrar con mi celular la habitación para descubrir, a mi sorpresa, que todos los habitantes de ese cuarto se encontraban despiertos, y ya sea por cortesía, o por las pocas ganas de levantarse de la cama, estaban dispuestos a soportar estos molestos sonidos. Treinta minutos pasaron, dentro mío la cólera por no poder descansar iba en aumento. ¿Cómo podía ser que nadie haga o diga algo?¿Hasta cuando iba a seguir esto? ¿Podía durar toda la noche? Mi paciencia alcanzó su punto álgido, y decidí dar un brinco hasta el piso, ya que mi cama era la litera superior. Caminé, con bastante furia en mi interior, y una vez al lado del brazuca, lo agarré por el hombro y lo empecé a zarandear violentamente. Sin siquiera pensarlo dos veces, le pregunté “¿Qué tenes un problemita en la nariz?” A lo que seguí, imitando fielmente debo admitir, los perturbadores sonidos que estaba emitiendo. Sin entender mucho, obviamente, la foca en cuestión comprendió la intención por la cual lo había despertado, a lo que se dio media vuelta, y boca abajo, siguió durmiendo. Por suerte, sus ronquidos cesaron y pude volver a mi cama con aire triunfante. No se escucharon aplausos, ni expresiones de aprobación, las cuales habían sido merecidas en buena ley.

La china descortés

Mis encuentros con la comunidad asiática nunca se extendieron más allá de un “Hello” y un “Bye”. Suelen encerrarse en sus computadoras, en su mundo, dejando muy poco espacio para interactuar con ellos. Jamás había tenido un problema o contratiempo con ninguno, y los consideraba bastante respetuosos de aquellos que compartían su hábitat.

Sin embargo, mi estima hacia esta comunidad se vio resquebrajada una noche en la ciudad alemana de Múnich. Había reservado uno de los mejores hosteles, el Wombats, franquicia que se extiende tanto en suelo germano como en otros países de Europa del este. Intentet Wi-fi de alta velocidad, desayuno incluido, un patio común con sillones, hamacas, pufs, todas las comodidades que puede pedir un mochilero. Sin embargo, un pequeño destalle opacó todo lo bueno. La habitación que me asignaron no tenia aire acondicionado, y en pleno verano europeo, el cuarto era una verdadero sauna. Sin exagerar, hacia más calor dentro que fuera del mismo. Llegada la noche, y debido a las reiteradas quejas, la administración del hostel decidió colocarnos, como cortesía, dos ventiladores de pie. Uno apuntaba hacia el lado derecho de la habitación y se encontraba fijo, ya que de ese costado, solo proveía de aire a una cama cucheta. El otro, iba y venia, barriendo el aire, para brindar algo de respiro a las otras dos cuchetas del lado izquierdo. Prácticamente como Dios nos trajo al mundo, encaramos la difícil misión de dormirnos.

A mitad de la noche, me despierto. Las gotas de sudor corrían carreras a ver quien llegaba más rápido al colchón. Bañado en transpiración, abro los ojos y para mi sorpresa, la china que ocupaba la litera superior, calladita y despacito, había decidido sin que le importe nada el bienestar de sus camaradas, apuntar ambos ventiladores hacia su cuerpo y rostro. Sin pensarlo dos veces, me levante y los regresé a su estado original, solo para percatarme que cuando abrí nuevamente los ojos por la mañana, la pequeña ninja, silenciosa y mortal, los había cambiado nuevamente. No perdí el tiempo, como intentan muchos otros, de razonar con chinos, ya que siempre que les hables, en cualquier idioma, te van a responder negando con la cabeza aludiendo que si no hablas chino, jamás podrás comunicarte con ellos. Así que seguí con mi vida. Por suerte era mi última noche, y tuve la fortuna de no volver a cruzármela nunca más.

Los odiosos chupasangres
Los odiosos chupasangres - Imagen de commons.wikimedia.org

Los odiosos chupasangres – Imagen de commons.wikimedia.org

La vista era paradisíaca, la piscina, digna de un hotel 5 estrellas y el bar junto a ella, era todo lo que podíamos pedir del Hostel que elegimos en Mykonos, Grecia.

Lo que dejaba mucho que desear, y de los cuales, no vi ninguna foto al  momento de reservar, eran sus “cuartos privados“. Una especie de tiendas, donde dentro se encontraba solamente una cama y una lámpara. No nos amargamos demasiado, ya que solo la utilizaríamos para dormir, el resto del lugar y la isla en sí nos tenían en un estado de éxtasis.

Pero cuando el sol desapareció, aparecieron los mosquitos, y aunque habíamos abonado la habitación solo para dos, los chupasangres decidieron sumársenos. ¿Existe algo más molesto que el “canto” de estos insectos al oído de uno? Creo que solo el ronquido del brasilero de arriba los superaba. Fue, por lejos, una de las peores noches de nuestro viaje. Entrada la noche decidimos acércanos a una tienda para comprar un Raid Espiral Mata-Mosquitos, y finalmente pudimos descansar en paz.

La salvación - Imagen de es.wikipedia.org

La salvación – Imagen de es.wikipedia.org

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Estos son solo algunos de los relatos que tengo para contarles sobre mis noches en estos alojamientos. Realmente son aconsejables por precio y por las relaciones que podemos lograr con gente de alrededor del mundo, pero si quieren descansar en paz, a veces es mejor no tentar la suerte, e irse a dormir a un hotel. Como consejo personal, les recomiendo una página que descubrí recientemente muy buena, para comparar precios y leer comentarios de otros viajeros de cada hotel, para no llevarse desilusiones: Trivago.com.ar.

A seguir viajando …. … …

Comments

    1. Author

      Gracias Mabyyy!!! Yo también sigo a mi diario Kimchi y me encanta lo que escribis!! Suerte! =)

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