El Sabor Agridulce de las Despedidas – Sensaciones Pre Viaje

Otra fría mañana en San Miguel de Tucumán. Otro día comienza, otro día menos en la provincia, otro menos en mi país. Me cuesta salir de la cama, no encuentro motivo de peso para abandonar el cálido abrazo de las sábanas. El cielo gris afuera no ayuda. Hace semanas que la descolorida panza de burro, que me hace rememorar tanto al entrañable paisaje Limeño, ha llegado para instalarse, y se rehúsa a marchar. Quizás esté triste por mi partida, quizás sepa que no nos queda mucho tiempo juntos. Pero si el día que me presenté le dije claramente que estaba aquí solo de pasada, que compartiríamos a lo sumo un par de años. El cielo se encariño, y la despedida se nos hace difícil a ambos.

Mes y medio me queda aquí, otro mes y medio más en Buenos Aires, y luego seré del mundo. Tantos pensamientos pasan por mi cabeza. Intento concentrarme en el hoy, en el ahora, y no puedo. Como pelotas de colores intento hacer malabares con ellos, pero cada día una nueva se suma, y se me dificulta cada vez más mantenerlas a todas en el aire. Soy como un arquero sin manos, viendo pasar los balones, sin importar si tienen destino de gol o no.

La despedidas son esos dolores dulces

La despedidas son esos dolores dulces

Quizás lo que siento en este momento sea lo opuesto a lo que muchos transitan cuando vuelven de un largo viaje. Mi mente ya ha hecho las maletas, y se ha echado a volar, olvidándose completamente que ha dejado al cuerpo atrás. Me encuentro vacío por dentro, viviendo en piloto automático, un ente cumpliendo sus últimas responsabilidades de su rutina diaria. De la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Un estado de transición. La oruga que supe ser, se encuentra ahora dentro de su crisálida, pronto a despertar, blandir sus alas, y emerger hacia un nuevo horizonte.

Lo que supo ser mi hogar en este último año va quedando cada vez más desierto, los muebles y los electrodomésticos van desapareciendo, comienzo a perder las comodidades de “una vida modelo”, y contrario a lo que podía llegar a pensar, con cada objeto que se va, percibo como gano un poquito más de libertad. Soy como un globo, volando a ras del piso, desasiéndome del lastre para ganar altura.

Mis primeras épocas en mi nueva recepción

Mis primeras épocas en mi nueva recepción

Mi vida se ha reducido a tachar días en un calendario que cada vez va quedando más corto. La fecha se acerca, y no hago otra cosa que pensar en ello. Se vienen despedidas que no quiero afrontar. Llegué a Tucumán con el simple propósito de sumar años de experiencia en una nueva posición laboral, y me voy con muchísimo más que eso. Me llevo recuerdos, vivencias, nuevas palabras para agregar a mi vocabulario y un sin fin de amistades. Lunita tucumana, aliada de confesiones, aunque te escondas bajo esas nubes, se que me espías todas las noches, no te enojes, no me olvidé de vos, ya habrá tiempo más adelante para despedirnos formalmente.

Tucumán me hizo crecer, madurar, fue el paso obligado para prepararme a esta nueva vida que se viene. Y sé que aunque tengo que despedirme, con ese sabor agridulce que tienen las despedidas, una parte de mi quedará por siempre aquí.

5

Comments

Deja tu comentario: