Magia y Energia: La Islas Flotantes de los Uros

Ya hace una semana que volví de Perú. Que país, cuanta belleza, cuanta diversidad de paisajes. Selva, Montaña, Valle, Oasis, Desierto, Mar, Lago, todo separado por tan solo unos pocos kilómetros de distancia. Una combinación que sobrepasa las expectativas que cualquiera pueda llegar a tener.

Y no es solo Machu Picchu. Aunque esta sea la única maravilla reconocida internacionalmente, Perú está plagado de ellas, algunas inexplicables y sorprendentes ante la mirada del viajero común. Su gente, cálida y hospitalaria, termina de dar forma al conjunto, que hacen de este país, uno imperdible.

Lleno de magia y energía, la misma brota desde el suelo, las piedras, se respira en el aire, en su cultura, su gastronomía, la simplicidad de su gente. Uno jamás será el mismo después de asimilar todo lo que Perú tiene para ofrecer.

Bandera de Perú

Bandera de Perú

Difícil de explicar a través de palabras, de cuentos de hadas, ficticio a la persona ordinaria, lleno de misterios, este post estará dedicado a un lugar que dejó una huella, una impronta, en mí que jamás olvidaré.

Si yo les digo que personas, como vos y yo, viven en islas flotantes hechas de paja, que sobre ellas construyen sus casas, restaurantes, escuelas y hospitales, que hasta sus muebles están construidos del mismo material, más de uno me diría que después de ver dicho lugar, me habría caído de la cama, que era el sueño de un lugar inexistente sobre la faz de esta tierra. Si así lo creen, déjenme decirles que muchas veces los sueños se hacen realidad, y en este caso la Isla de los Uros nos lo demuestra.

Llegando a las Islas Flotantes

Llegando a las Islas Flotantes

Las Islas Flotantes de los Uros

Baje de la barcaza, y  un suelo mullido, algo dificultoso para caminar, me recibió. Un sentimiento de emoción invadió mi cuerpo. Un estado de éxtasis, mi concepción de mundo cambió. Ya no caminaba sobre tierra firme.

Ubicadas a 20 minutos de Puno, al sur de Perú, este conjunto de 84 islas flotantes, se encuentra sobre las aguas del lago navegable más alto del mundo, el Lago Titicaca (3800 msnm).

La totora es la estrella indiscutida de las islas.  Las casas, hospitales, escuelas y las islas propiamente dichas, están fabricadas con ellas. Crecen por doquier, y los habitantes las utilizan no solo para construir. Podemos desayunar totora, almorzar totora, merendar y hasta cenar totora, aunque solo es comestibles la parte inferior de la misma, su sabor es comparable al del palmito. Su alto nivel de flúor permite utilizarla también para lavarse los dientes, les prometo que aunque busquen y busquen, no encontraran ni un cepillo ni pasta dental en ningún lugar.

De 6 a 10 familias viven en cada isla, y año a año eligen a un presidente que los representa ante la comunidad. La población de los Uros alcanza las 2000 personas, y sus principales actividades son la pesca, la caza de patos y gallináceas, la recolección de huevos de aves (si obtienen 8 huevos, solo toman 2 y devuelven los 6 restantes para mantener el equilibrio en el ecosistema), las totoras y por último el turismo. Organizados, tienen predefinidas las visitas de los turista a una isla distinta cada día, para que todos puedan aprovechar las divisas que dejan al comprar las artesanías que se confeccionan en cada islote.

¿Cómo las hacen?

Una pregunta que deambula en nuestras cabezas desde el momento mismo que nos cuentan sobre esta comunidad.

Es bastante sencillo en realidad. Para crear una isla nueva lo primero que hacen es sumergirse en el lago, y recortar con serruchos de doble mango, los mismos que eran utilizados para cortar grandes arboles, el suelo donde la raíz de la totora crece.  Como se imaginaran, estas personas no cuentan con un equipo de buceo ni nada que se les asemeje, por lo tanto unos pulmones limpios y acostumbrados son la mejor herramienta para concretar la labor.

Luego de cortar y colocar 4 o 5 panes de buen tamaño, los mismos funcionaran de “base” de la isla. Ahora entran en juego las totoras. Capas tras capas, una sobre otra,  irán dándole forma a lugar donde niños y grandes vivirán sus vidas. Por último, se “anclan” al lago mediante estacas que se colocan en cuatro lugares diferentes, es por ello que antes un viento u oleaje fuerte las mismas permanecen en un mismo lugar. Como nos dijo un “Uro”, “Sino un día nos despertamos y estamos en Bolivia”.

Una o dos veces por mes, se coloca una nueva capa de Totora, ya que ésta, al ser orgánica, se pudre y empieza a emanar un olor feo. Imagínense por un segundo, reconstruir todo su barrio una vez al mes, una tarea titánica, a la cual los habitantes de estas islas ya están acostumbrados.

Explicado en Imagen. Primero la raíz, después mucha totora y las casas por último.

Explicado en Imagen. Primero la raíz, después mucha totora y las casas por último.

Finalmente cuando creía que ya nada podía sorprenderme, nos invitaron a pasar dentro de una de sus casas. Paneles solares en el exterior de las mismas, alimentaban un televisor y un estéreo para escuchar música.  Es difícil escapar de la globalización y la tecnología hoy en día, aún si viven en islas flotantes en el medio del Titicaca.

Interior de una casa en Uros

Interior de una casa en Uros

Datos extras

La excursión a las Islas flotantes tiene un costo de 65 nuevos soles (1 sol = 2 pesos argentinos). La misma es solo por el día y nos lleva primero a los Uros y luego a Taquile, otra isla de la cual hablaré en otro post, en donde nos incluye el almuerzo.

Los tours salen a las 7 de la mañana y vuelven alrededor de la 17.30 a Puno, y se los pueden contratar en el Hotel mismo donde se estén alojando.

Un Argentino por el Mundo

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