Langkawi, el paraíso que aún respira

Para muchos el concepto de Sudeste Asiático encierra el solo hecho de estar tirado panza arriba a la sombra de una palmera, disfrutando un coco de a sorbitos, con el leve canto de las olas de fondo, y aunque parezca mentira en nuestra primeras dos semanas de viaje por la península lo más cercano que estuvimos de una playa fue la de estacionamiento de nuestro host en Singapur. Nuestro cuerpos blancos pedían a gritos rayos solares, y cuando los escuchamos la respuesta apareció con un nombre raro, Langkawi. Una causalidad del destino que corrigió nuestro camino favoreciendo al agua ante la firme tierra.

Otra vez las patitas en el agua =)

Otra vez las patitas en el agua =)

Pantai Cenang, Langkawi

Pantai Cenang, Langkawi

Me voy al paraíso” escuché decir una vez mientras me mostraban una foto de una playa. Arena blanca como la harina, un cielo azul puro, el agua transparente y una solitaria palmera era todo lo que se podía ver. Y sin duda lo era si lo comparábamos con aquella vista de una Buenos Aires gris y lluviosa que teníamos desde la ventana. Viajar más de 24 horas en avión no parecía tan descabellado si la recompensa era el cielo mismo. Pero el edén, lamentablemente para nosotros, no guarda exclusividad y lo que esconde aquella foto, o al menos omite, es al resto de las personas que también quieren su pedacito de nirvana.

Langkawi aún vive en un tiempo pasado, y lejos dista esta de ser una referencia arquitectónica o tecnológica de la isla misma, sino más bien es un concepto puramente turístico. A contramano de muchas de las islas del estrecho de Andaman, Langkawi parece haberse encerrado en una burbuja, produciendo anticuerpos ante ese turismo masivo que invade día a día a sus hermanas del norte, solo dejando entrar a los que verdaderamente desean descubrir la esencia de su blanca arena.

Simplemente uno de esos atardeceres que quedarán para siempre

Simplemente uno de esos atardeceres que quedarán para siempre

Lo que iba ser uno terminaron siendo tres los días que pasamos en su playa más “famosa”, Pantai Cenang. Una playa que experimentaba un fenómeno que no vimos repetirse en ninguna de sus homónimas en Tailandia. A medida que el sol se acercaba al horizonte los pocos turistas que había desaparecían junto a él, pero los locales, familias enteras con picnis improvisados, amigas tapadas de pies a cabeza con sus hiyab, padres enseñando a nadar a sus hijos y niños jugando a la pelota compartían su atardecer junto a nosotros, los foráneos, los extraños, los privilegiados viajeros que allí se quedaron aún cuando el sol ya había desaparecido, contemplando, admirando la cotidianeidad de lo ajeno.

Jugando a fútbol con los chicos

Jugando a fútbol con los chicos

La gran mayoría de la población de Malasia es musulmana

La gran mayoría de la población de Malasia es musulmana

Esta vez el sol decidió esconderse en las nubes

Esta vez el sol decidió esconderse en las nubes

Con espectadores de lujo

Con espectadores de lujo

La isla se sintió fresca, inocente, sencilla en comparación con el resto por las que viajamos. Todavía se puede disfrutar de sus bellezas naturales sin la necesidad de pagar entrada, como las cascadas Seven Wells Waterfalls, todavía se pueden caminar, o disfrutar una buena shisha, en sus playas de noche sin que la música electrónica, o los turistas borrachos nos aturdan, todavía se puede palpar su carácter original.

Las playas nocturnas perfectas para disfrutar la paz que trasmiten

Las playas nocturnas perfectas para disfrutar la paz que trasmiten

Desde las Seven Wells Waterfalls

Desde las Seven Wells Waterfalls

Langkawi es y será aquel tesoro que descubrí en mi primer viaje por el Sudeste Asiático, pero a diferencia de los piratas en la edad media, prefiero compartir el botín. Espero que todos aquellos que están leyendo del otro lado sepan apreciar la belleza de lo autóctono y los lugareños no intenten cambiar el encanto de lo original.

Aunque viajemos por todo el mundo para encontrar la belleza, debemos llevarla con nosotros para poder encontrarlaEmerson
FELIZ

FELIZ

Deja tu comentario: