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En la dulce espera: Perú

Existen tres cosas esenciales para ser feliz en la vida, decía un filósofo británico hace más de dos siglos atrás, “tener algo que hacer, alguien a quien amar y algo que esperar”.  Algo para hacer y mantener nuestra mente ocupada en el presente, alguien a quien amar y compartir ese amor, innato en cada ser humano, y algo que esperar, un objetivo a futuro, una razón por la cual levantarse todas las mañanas.

2 semanas me separan de mi próxima aventura. 14 días para volver a armar la mochila, llenarla de ilusiones, sueños, expectativas, dejar todo atrás y entregarme por completo a un nuevo destino: Perú. Ese cosquilleo, esas ansias, ese estado de éxtasis que recorre las venas de cada viajero cuando está a punto de hacer lo que más ama y añora cada día de su vida: VIAJAR. Hoy me encuentro en la dulce espera.

Una sensación de felicidad invade mi cuerpo. Similar a la que podría sentir un padre que espera a su primogénito. Quizás no sea tan descabellado relacionar estos dos momentos tan únicos en la vida de todo hombre. Después de todo son dos situaciones que implican una espera que, aunque incierta, nos llenará el mundo de felicidad.

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Padres, esperando el nacimiento de una aventura

Desde el momento que es concebido, el viaje se desarrolla constantemente. Desde que es un pequeño sueño, lejano e irreal, escondido en nuestro corazón, hasta que se vuelve realidad frente a nuestros ojos, pueden pasar meses, años y hasta décadas. Un viaje crece, muta, se desarrolla, madura y se hace más tangible con el paso del tiempo. Evolucionamos junto a el. Nos invaden una infinidad de sensaciones. Momentos de excitación, angustia, desilusión, esperanza. La expectativa y la ansiedad se agigantan a medida que la cuenta regresiva se acerca a cero.

Todo lo nuevo y desconocido genera, en cierto punto, miedo e incertidumbre. Nos entregamos a lo incierto. No sabemos que nos deparará este nuevo paso que daremos. Buscamos información, investigamos. Nuestro aliados, los expertos. Libros, Internet, los consejos de aquellos amigos que vivieron la misma experiencia. Sin embargo, no querrán saberlo todo. La sensación de ser sorprendido por lo inesperado es inimitable. Debemos probar, equivocarnos, y volver a intentar. Del error se aprende. Nos enriquece y nos permite progresar, tanto como padres y viajeros.

El camino estará lleno de obstáculos y sacrificios. Incluso así, estoy convencido que la recompensa superará cualquier piedra que pueda llegar a aparecer. Si nos esforzamos, y lo deseamos, seguramente encontremos la olla de oro al final del arcoíris.

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Cuando finalmente tengamos ese destino en nuestras manos, todo lo que hemos aprendido en los meses previos solo nos preparará para dar los primeros pasos de un trayecto muchísimo más largo. Aprenderemos tanto de él, como él de nosotros. Nos hará más fuertes, expandirá nuestro horizonte y nos sentiremos completos. Una vez más esteremos viviendo un sueño despiertos. Nada es imposible, es solo cuestión de tiempo. Sigan a su corazón, hagan lo que los hace felices y nunca dejen de hacer algo porque otros le dicen que es loco, arriesgado, o porque no es lo “común”. Rompan con el estereotipo de vida que nos presentan, y forjen su propio camino. Uno único. Hoy me siento padre de esta nueva aventura que pronto nacerá y me encuentro con los brazos abiertos para recibirla.

Comments

  1. Waaaa… qué hermosos sentimientos, no hay como los días previos a un viaje en donde se mezclan las ganas, la ansiedad, los nervios, la incertidumbre… Por cuánto tiempo te vas? Que tengas un hermoso viaje y dejá espacio en la mochila para llenarla de vivencias e historias que contar 😉

  2. Que emoción!! que tengas un muy lindo viaje y porfavor comenta todo acerca des ese hermoso País que tengo muchas ganas de conocer

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