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Crónicas en Aeropuertos: Curiosidades y Cábalas

Aeropuertos. Lugares mágicos si los hay. Así como las películas o los libros, en pocos minutos nos hacen pasar desde la alegría a la tristeza, desde la ansiedad al miedo, de la confianza a lo conocido a la incertidumbre de lo que vendrá. Son el punto de partida de muchos sueños largamente esperados, y el punto de llegada cuando ese anhelo fue alcanzado. Nunca más volveremos a ser esas personas que se despidieron, porque viajar nos hace crecer.

Pero este post no tratará sobre las sensaciones, sino sobre curiosidades propias y ajenas, consejos y cábalas a la hora de comenzar nuestra aventura.

Siempre llévate algo “sin batería” para el vuelo

Está claro que, aunque volar sea la forma más rápida que existe para llegar desde un punto A a un punto B, las horas de espera entre esos dos puntos suelen ser varias. No existe nada peor que sentarte a esperar en la puerta de embarque y darse cuenta que a nuestro único entretenimiento le queda solo el 20% de batería.

Atesoraremos cada segundo que nuestro dispositivo sigue con vida, pero tarde o temprano, nos abandonará dejándonos en la soledad misma. Es por ello que siempre es conveniente tener un buen libro a mano. Con él podremos entretenernos hasta que nuestra propia batería interna diga basta, y decidamos descansar. Jamás, jamás, JAMAS substituyan el libro con la revista que nos da la aerolínea, no existe nada más aburrido que leer una y otra vez lo mismo en un vuelo de 14 horas de Buenos Aires a Madrid.

No hay nada más difícil que dormir dentro de un avión

Tarea cuasi imposible para mi persona. En el supuesto caso que tengas la suerte que no te toque ningún niño/a detrás de tu asiento que te este pateando el asiento las 10 horas que durará el vuelo, que te toque un aficionado a la lectura que se rehúsa a apagar la luz o un cinefilo que decide ver por decimocuarta vez Toy Story 2, aún así, conciliar el sueño es difícil.

El molesto ruido de los motores, la incomodidad del respaldo y el prácticamente nulo espacio entre los asientos son obstáculos constantes. Mi consejo, comprar unos audífonos, una de esas almohadillas inflables, un antifaz para los ojos y tratar de pensar en lo bien que lo estaremos pasando en unas horas cuando lleguemos a nuestro destino.

¿Porqué la fila en los aeropuertos antes de embarcar?

Nunca lo voy a comprender, no importa cuantas veces traten de explicármelo. Al llegar a la puerta de embarque y con media hora en el reloj para que éste empiece, la gente comienza a formar una cola. Como si entráramos a ver el estreno de una ansiada película taquillera de Hollywood, con asientos sin numerar y localidades agotadas, los individuos prefiere estar parados media hora, antes que relajarse sentados leyendo algún libro.

Señores y Señoras, los asientos están numerados. Pero no, ellos prefiere tener la seguridad de ser los primeros en entrar al avión ¿No saben que en los embarques, las aeromozas llaman siempre primero a aquellos asientos de atrás para embarcar de manera ágil y rápida? NO, NO LO SABEN. Y lo peor de todo es que reniegan, se ofuscan sabiendo que hicieron inútilmente la fila, y para no perder esa posición de privilegio, que ganaron con tanto esmero, se hacen mínimamente a un lado, impidiendo que aquellas personas con coeficiente mental más elevado podamos avanzar.

Las cábalas del vuelo

Admito que nunca me fascino volar, algo difícil de imaginar en una persona cuyo sueño en conocer el mundo, y que seguramente se tendrá que subir a muchísimos aviones más. Para todo embarque, así este solo o acompañado, hago toda una ceremonia cuya única función es dejarme más tranquilo y bajar mi ansiedad.

         I.            La primera instancia se da al recorrer la manga cuando llego a la aeronave. En el momento que traspaso la puerta de entrada, con mi mano derecha apoyada en la aeronave, pienso para mi interior “Por favor, llévame a destino”. Luego, sin pausa pero sin prisa, recorro el pasillo hasta encontrar mi asiento. Mi predilecto y de confianza es el 17A, ubicado metros atrás de una de las alas, al menos en los vuelos que me llevan de Tucumán a Buenos Aires.

       II.            Una vez ubicado en mi asiento, corro la perilla de la mesita que tengo delante de mí, la despliego y la vuelvo a poner en su posición original. Aquellos que hayan visto la película “Destino Final I” (video más adelante), la escena principal transcurre dentro de un avión que sufre un desperfecto al intentar despegar y explota en el aire. El protagonista principal despierta luego de la explosión, sentado en ese mismo lugar a minutos de despegar. Recuerda que en el sueño, habiendo girado la perilla de la mesa, ésta se desprende. Decide repetir el mismo procedimiento y la perilla sale nuevamente. En ese momento, el personaje entiende que tuvo una premonición de lo que iría a ocurrir, y decide bajarse, salvando su vida y la de un grupo de compañeros. Por esa simple y estúpida razón siempre que me siento, giro la perilla. Hasta el momento, en ninguno de mis viajes se salió, y realmente no quiero imaginar lo que haría si llegase a pasar.

     III.            El último paso, y por último, no menos importante, es leer minuciosamente las instrucciones en caso de accidente. Saco la hoja plastificada que tengo en el compartimiento delante, y aunque ya las haya leído infinidad de veces, las vuelvo a recorrer en detalle.

Con el procedimiento llegando a su fin, me abrocho el cinturón de seguridad, presto atención a las aeromozas al momento de detallar las medidas de seguridad y las salidas de emergencia, y aunque no lo crean, mi ansiedad disminuye hasta sentirme tranquilo, confiado de que llegaré sano y salvo a mi destino.

Escena de Destino Final a la que hago referencia

¿Ustedes tiene alguna cábala antes de embarcar, o cuando entran al avión?

Comments

  1. Buenas! Te comento que leo tu blog hace aproximadamente un mes. Me parece genial la forma en la que expresás tus vivencias, y considero que muchas veces representás lo que yo quiero decir, sobre todo al explicar cómo te sentís con respecto a los viajes y todas las emociones que vienen aparejadas. Sobre esta nota, me reí mucho!!!! Comparto gran parte de lo aquí expuesto, sobre todo de que cualquier libro reemplaza a cualquier objeto de tecnología… En mis viajes siempre cargo con 2 o 3 libros para no quedarme sin cosas para leer. Así, en un viaje de 8 horas me releí “El principito”, libro que no leía desde que era pequeña -porque entonces no lo entendía muy bien- y en otro me devoré “Mi planta de naranja-lima”. Coincido plenamente en que dormir en un vuelo es tan difícil! Los asientos no se reclinan más que unos 5 centímetros con mucha suerte.

    También me parece innecesario el hacer fila para subir al avión, por lo que siempre me quedo a un costado sentada aguardando que pasen los 20 minutos que demoran en abrir la puerta para empezar a subir.

    Ahora, a mi las mangas me encantan. Y me gustan porque me apasiona esa adrenalina de dejar tierra firme y “ponerme en riesgo”, aunque quizás en el fondo sea porque sé que el riesgo no es tan grande -al menos por la estadísticas-, pero más que nada porque soy una soñadora, me gusta ver el mundo desde arriba, me gusta pensar en las nubes como si se tratara de algodones, me gusta sacarle fotos a los amaneceres, o ponerme a pensar que de noche, cuando miro por la ventanilla y veo sólo oscuridad, ahí abajo hay un océano, hay peces, hay vida. Por eso dificilmente duerma en un vuelo, generalmente llego a destino cansada, pero se me pasa por la ansiedad. Después de mis viajes siempre necesito vacaciones, aunque suene paradójico!

    Para concluir, me reí mucho con lo de la perilla y la mesa. Hermoso tu blog, seguí así!

    1. Author

      Muchísimas Gracias Ane,

      La verdad que volar es una sensación única. Yo también me imagino a las nubes como algodones y me fascinan quedarme viéndolas por horas. Me alegro que te haya gustado el blog, espero poder seguir escribiendo cosas que te gusten!! =)

      Saludos grandes

  2. Fabio me hiciste reir mucho con tu anécdota sobre intentar dormir en los aviones. Yo soy una de esas cinéfilas, igualmente siempre intento dormir lo máximo posible. Te cuento que en un vuelo de 14 hs desde San Pablo a Abu Dhabi, me tocó sentarme cerca de 2 nenitos que no me dejaron pegar un ojo. Creo que me baje del avión y soñaba con los llantos de los pibitos! Pobrecitos! pero en ese momento quería matarlos! jajaja
    Sobre formar fila: supongo que la gente lo hace 1º) por la ansiedad q tienen de subir al avión. 2º) muchas veces te quedas sin lugar para meter tu equipaje arriba y debés ponerlo abajo de tus pies, incomodísimo!!!
    A seguir acumulando sellos en ntros pasaportes. Abrazo de viajera!!!

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