Una corazonada del camino (Mi mes en Cromwell)

El camino no es indiferente, siente. El camino no es sordo, escucha. El camino no es tonto, percibe. Le encanta ser inquieto, no gusta de las comodidades, de las cosas simples y llanas. El camino da y quita. Recompensa y castiga. Es sabio. No entiende de explicaciones, existe con el único propósito de que aprendamos de él. Es tan difícil planearlo, dibujarlo, ver venir la próxima curva, que algunos desistieron y solo miran hacia abajo, hacia el pedacito de tierra que les toca recorrer hoy. Nueva Zelanda me enseñó que no importa cuán minuciosos seas, cuántas horas inviertas o cuán seguro pienses que estás, al camino hay que hacerlo con el corazón.

Una banda loca que me aguanta el corazón

Una banda loca que me aguanta el corazón

Cromwell fue el ensayo de una obra mucho más grande que está por venir. Volver a dejar todo con la única certeza de lo incierto. Seguir una intuición, serle fiel a lo que busco, a lo que siento, a lo que intento transmitir. Fue aquel pensamiento, esa corazonada, que se gestó en el auto volviendo a Christchurch, después de pasar dos días rodeado de amigos, lo que hizo que renuncie de un día para otro al hotel donde trabajaba y me vaya a hacer la temporada de cerezas al sur.

Encontrar las palabras para describir este mes se volvió tan difícil como recordar detalladamente un sueño. Pues así lo sentí, como si estuviera dentro de uno, en donde la realidad y la ficción parecían entremezclarse a cada paso. Enero será seguramente uno de esos meses que extrañaré de tanto en tanto, aquel que sacará una sonrisa cada vez que tenga la necesidad de una. No hubo dos días iguales. Trabajar sin descansos hace de cada día un lunes, y de cada noche, un viernes, pues no se espera el fin de semana, nada se deja para otro día, la vida misma pasa a ser un acto de improvisación constante. Invitaciones repentinas, juntadas espontáneas, charlas imposibles de anticipar. Así se vivió Cromwell.

Improvisación Musical en Cromwell

Improvisación Musical en Cromwell

“Al viaje lo hacen las personas (los amigos)”

Una tarde fuimos todos al lago. Nos sentamos y Natalia sacó su cámara. Entre varios le empezamos a aconsejar hacer esa, o aquella foto. Todas parecían buenas. El entorno ayudaba. De repente miré a mi alrededor y una sensación me recorrió el cuerpo. Quise congelar el tiempo. Vivir infinitamente en aquel instante. Si por algún desciño misterioso de la vida tenía que vivir un mismo día, una y otra vez, querría que ese día fuera hoy. Antes de empezar este viaje no conocía a ninguna de esas personas que me rodeaban, todos éramos completos extraños hace solo unos meses atrás, y aún así, la magia del universo nos había juntando en un recóndito pueblito neozelandés. ¿Por qué esta gente? ¿Por qué este grupo? ¿Por qué a mi? “Nati, tenes que sacar una foto de esto, del momento, de nosotros” – le dije. El lago y sus montañas siempre estarán allí para ser fotografiados, sin embargo, este momento, tan ínfimo, tan único, tan irrepetible, es un regalo de la vida que merece la pena inmortalizar. Pues de eso se trata la vida y los viajes,  de coleccionar momentos, de atesorarlos, para volver siempre que los necesitemos.

El Momento

El Momento

Despedirme de Cromwell fue de las cosas que más me costaron en estos cuatro meses en Nueva Zelanda. Poco importó dormir en carpa, no tener internet, apilar miles de cajas a 2 grados de temperatura, comer noodles y pies todo el tiempo o los 15 días trabajados sin parar. Decirle adiós a esa familia que hizo desaparecer todo rastro de nostalgia y melancolía de mi alma fue sin duda lo más duro. Y es ello quizás, los constantes hasta prontos, la parte que más duela de viajar. Aún así, esto recién empieza, todavía me quedan 7 meses más de momentos, de amigos, de reencuentros, de viajes. Con un eterno abrazo y un “nos vemos en los kiwis” me despedí de todos, subí al auto y creí finalmente despertar de aquel sueño, de esos que te levantan con una sonrisa mañanera y te tientan a volver a apoyar la cabeza en la almohada para continuarlo. El corazón no engaña, no miente, no se equivoca. Me fui de Cromwell con la certeza de que siempre que siga al corazón, el camino sabrá proveer. Lo único que nos queda hacer a nosotros es cerrar los ojos y soñar.

El equipo de la Packhouse

El equipo de la Packhouse

Comments

  1. Como siempre Fa un placer leerte! Trasladarse con vos hasta esos destinos y reflexionar un poquito.. Acordarse de disfrutar de todo! Besos amigo! Y hasta la proxima

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