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Volver a la Ciudad de la Furia: Un Turista en Buenos Aires

Ahí estaba, sentado, mirando por la ventana, esa ciudad que poco a poco se iba haciendo cada vez más grande, una ciudad que supo ser mi hogar por más de 27 años.

Finalmente el avión de Aerolíneas Argentinas, que me traía desde San Miguel de Tucumán, toco suelo porteño y mi corazón empezó a latir rápidamente. Hacía más de cuatro meses que no visitaba aquella urbe que me había visto nacer, que solía recorrer diariamente, y que llegue a conocer casi como la palma de mi mano.

Una esquina, como muchas otras, de Buenos Aires

Una esquina, como muchas otras, de Buenos Aires

No tenía maletas por recoger, así que decidí caminar directamente hacia la salida. Salí en arribos y me encontré con ese panorama, uno que suele llenarme el corazón de alegría, tan común en los aeropuertos. El reencuentro con los familiares, amigos, novio/a, los abrazos, las sonrisas, los besos, las lágrimas. Un momento repleto de adrenalina, incertidumbre, el corazón palpita tan fuerte que parece querer escaparse del pecho, querer sorprender al otro, esperarlo detrás de esa puerta, que se abre y se cierra, inflándonos más y más el corazón.

Iglesia y Convento de Santo Domingo

Iglesia y Convento de Santo Domingo

Decidí esquivar cuidadosamente a toda la muchedumbre mientras compartía su alegría. Al salir, me encontré nuevamente con mi querida Buenos Aires. Respire profundo, y permití que ese aire porteño, tan característico, invadiera nuevamente mis pulmones. Decidí apartarme y prender un cigarrillo. En lo que duró, cientos de personas pasaron junto a mi con sus carritos llenos de valijas, algunos sonriendo, otros apurados, buscando algún transporte que los lleve hacia su destino final. La velocidad del mundo volvía a acelerarse, y sin embargo, para mí todo transcurría en cámara lenta, con cada pitada, recordaba numerosos instantes vividos en esta capital.

Cuando salí de mi trance decidí buscarme un taxi. No tardó más de 5 minutos en aparecer, me subí, y arranco hacia el caos céntrico. A medida que recorría la ciudad me entró un sentimiento raro. No sé si fue la cantidad de personas que caminaban por la calle, las luces, los anuncios, las largas colas en la parada de colectivos o el tránsito, pero empecé a sentir que ya no pertenecía. Me sentía como un turista en Buenos Aires. Mis ojos se abrían, incorporando nuevamente lo que era vivir en la gran Capital. Parte de mi añoraba todo esto, se extrañaba.

Si me hubieran preguntado 5 años atrás, si me mudaría a otro lugar que no sea Buenos Aires, seguramente les habría dicho que era imposible, me gustaba vivir en la ciudad, mis amigos estaban acá, mi VIDA entera estaba pensada aquí. Sin embargo, estaba contento por cambio hecho, ya no era el mismo que había partido meses atrás. Como dice Nelson Mandela “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta que el que ha cambiado eres tu”.

Mi Buenos Aires querido

Cuando volví la primera vez, luego de irme a vivir a Tucumán, había pasado solo un mes desde mi partida. Fue como volver luego de unas largas vacaciones. Era un sueño del cual recién me levantaba. Todo cambio en esta segunda visita. Buenos Aires me recibió con un beso tímido, como esos que se le dan a un desconocido. Mi hogar ya era otro, era un extraño para mi ciudad.

Puente de la Mujer - Puerto Madero

Puente de la Mujer – Puerto Madero

Volví a caminar esas calles que tantas veces había recorrido diariamente, descubriendo cosas que jamás había visto antes. Nada había cambiando, ni siquiera era un nuevo recorrido el que hacía, sino que, inmerso en la vorágine a la que nos llevan a vivir, no me había dado el lujo de frenar y obsérvalas. Regresé con nuevos ojos, y volví a enamorarme como la primera vez.

En estos días pude disfrutar de mi familia, de mis amigos, de aquellas cosas que extrañaba hacer, por pequeñas e insignificantes que parezcan, como tomarme un Frapuccino en Starbucks o jugar a la Xbox con mi hermano. Y aunque siento que esta ciudad ya me es ajena, que no pertenezco, un parte importante seguirá, por siempre, ocupando un pedacito en mi corazón.

Gaturro en el Semáforo

Gaturro en el Semáforo

Jigsaw en Starbucks

Jigsaw en Starbucks

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Este fue mi relato de mi segunda visita luego de estar viviendo hace ya 6 meses en San Miguel de Tucumán. Aquellos que decidieron hacer un cambio similar al mío seguramente se sentirán identificados.

Comments

  1. Te F e l i c i t o!!! me gusta sobre todo eso que, disfrutas los detalles que siempre estaban y que no los veías, eso es lo que siempre nos permite, el vivir lejos de la Capital Federal, disfrutar cada detalle.

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