Un Castillo de Fantasía: Neuschwanstein

Múnich, capital del estado de Baviera al sur de Alemania, era una deuda pendiente de mi primer viaje a Europa. Chops de cerveza, el ex campo de concentración de Dachau (uno de los mejores preservados de los tiempos de la Alemania Nazi), el Bayern Múnich, algunas de las referencias que hacían a la ciudad merecedora de una visita.

Y fue así como en septiembre del 2011, después de haber visitado la mágica Cesky Krumlov en República Checa, el destino me dejaba nuevamente en suelo germano. En esta ocasión no sería ni Berlín, ni Dresden, sino la ciudad donde todos los octubres se celebra el mayor festival de cerveza del mundo, el Oktober Fest.

Munich

Munich

Llegue a Múnich con pocas expectativas, tenia solamente dos días para recorrerla. Un tiempo muy corto para explorar prácticamente cualquier lugar de Europa. Al llegar al hostel me encontré con la grata sorpresa que la compañía de City Tours gratis, de la cuál había sido participe en varias ocasiones, se encontraba por estas latitudes también.

Agarre uno de los folletos, y en la sección de tours pagos un nombre ilegible capto mi atención: Neuschwanstein (escucha la pronunciación correcta. Fue en aquel momento que recordé a una de esas personas, que te recomiendan todos esos lugares que no te podes perder mientras viajas, me había dicho que al sur de Múnich, en un pueblito llamado Fussen, se encontraba un castillo construido siglos atrás, intacto, impoluto, desafiante ante el paso del tiempo. Lo segundo que capto mi atención fue el precio: 32 euros para estudiantes. Claramente no entraba dentro de mi presupuesto diario. Pensé ¿cuántas veces voy a tener la posibilidad de estar dentro de un castillo? ¿Pertenezco a la realeza? No ¿Llegaré a casarme, como lo hizo Máxima, con una princesa? Difícil ¿Tendré la fortuna suficiente algún día para comprarme un castillo? Lo dudo. Desechando una por una las posibilidades, me quede finalmente con la más terrenal de todas. Pagar los 32 euros y sacarme las ganas.

Maqueta del Castillo Neuschwanstein

Maqueta del Castillo Neuschwanstein

Me subí al tren, que casi dos horas más tarde, me dejaría en Fussen. Allí nos estaba esperando el bus que nos trasladaría al pie del cerro donde se encuentra este mastodonte. Durante el trayecto el guía nos iba comentando la historia de dicho lugar. Como el más moderno de su época, nació del capricho del Rey Luis II de Baviera, obsesionado con la fantasía, el romanticismo y la sublimidad que le brindaba el paisaje de aquellos valles que lo rodeaban. Mandó a construir una obra monumental, para los tiempos que se vivía en su reinado. El primer teléfono móvil de la historia, un red completa de luz eléctrica y un sistema de calefacción ideado por Leonardo Da Vinci eran algunas de las sobresalientes características de dicha invención.

La familia de Luis II veía con resentimiento el obrar del Rey, por lo que éste decidió trasladarse y resguardarse allí, lejos de todo aquel que quisiera arrebatarle el trono. Sin embargo el pueblo, envenenado con las ideas de los parientes del rey, empezó a dudar de la capacidad de gobernar del mismo. Preso, en su propia creación, se lo despojó de todo poder, que pasaría a mano de su hermano, Otón I en 1886. Meses más tarde aparecería muerto junto a su psiquiatra en un lago cercano. Un hecho misterioso, que hasta el día de hoy sigue levantando sospechas y conjeturas.

La popularidad internacional de esta fortaleza se presenta con un dato de color. Se dice que Walt Disney se inspiró en él para emularlo en su parque de diversiones como el Castillo de la Bella Durmiente. Cada minuto que pasaba me convencía más que los euros gastados habían sido una buena inversión.

Finalmente llegamos a destino, entre lo rocosos peñascos de los Alpes Alemanes, destacándose de entre la montaña, se alzaba allá a lo lejos Neuschwanstein. La subida hasta la entrada fue lenta pero constante. A medida que avanzábamos, la vegetación iba creciendo y a nuestra izquierda los paisajes se alejaban, haciéndose cada vez más pequeños.

Llegando a destino - Neuschwanstein

Llegando a destino – Neuschwanstein

Al final del trayecto me encontré con la puerta, imponente, digna de un tiempo de reyes y leyendas. Esperamos nuestro turno junto con el grupo que me había acompañado y entramos. Desde que atravesamos el umbral principal, nos sumergimos en una paradoja del tiempo. Habíamos vuelto al pasado, nos encontrábamos nuevamente en 1886. La decoración, los muebles, los estándares, todo indicaba que el Rey seguía viviendo allí. Para mi sorpresa el tour no duró mas de 30 minutos. Lo que yo no sabía antes de ingresar, es que a Luis II no le alcanzo ni el tiempo ni el dinero para poder terminarlo, por lo tanto soló recorrimos algunos salones de fiestas, recámaras, y por supuesto vimos ese famoso primer teléfono.

El castillo de Neuschwanstein

El castillo de Neuschwanstein

A través de las ventanas se puede observar a lo lejos las montañas, el lago y los campos, de un color verde manzana, que explican la decisión del rey. Tiene un hechizo que puede volver loco a cualquiera. Uno se abstrae del mundo real y vive uno imaginario. No te dan ganas de irte jamás de allí.

Mirando por la ventana

Mirando por la ventana

Asomado al balcón

Asomado al balcón

El castillo de Neuschwanstein compitió entre las nuevas maravillas del mundo moderno, pero solo pudo ubicarse entre los primeros 75. Es uno de los monumentos más fotografiados de toda Alemania, y como dato extra la ciudadela fue adquirida por el estado de Baviera a la familia real en una suma igual a lo que recauda la misma en un año, con la visita de los turistas. Una ganga. Les dejo aquí la página oficial del castillo y un video para que lo admiren (debo admitir, la música de Baviera no es de mi agrado).

Un Argentino por el Mundo

Un Argentino por el Mundo

Acompañenme a recorrer el castillo en este video:

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