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Carpe Diem: Decisiones que nos cambian la vida

Sonó la alarma de mi celular. Abrí los ojos y la apague. La cabeza todavía me daba vueltas. Le eché la culpa al sueño. No había dormido bien. Me levanté, parecía una mañana como cualquier otra, y sin embargo, algo se sentía diferente. ¿Dónde estaba? Ese no era mi cuarto, ni mi cama. El sol entraba tibiamente por una ventana que hasta ayer me era desconocida. Volteé hacia el otro costado, y dormida al lado mio, había una mujer. Su cara me resultaba extrañamente familiar, tenía unos treinta y largos. No quise despertarla.

Intente recordar que había ocurrido la noche anterior. Nada me llamaba la atención. Si mal no recordaba, había llegado del trabajo, y me había ido derecho a dormir. ¿Qué estaba haciendo al lado de esa mujer, esa mañana? Salí de la habitación, y empecé a recorrer la casa, intentando no hacer mucho ruido. No sabía con exactitud, si ella y yo, éramos los únicos ocupantes.

Nada me era familiar. Ni su cocina, ni su baño, mucho menos el living. De repente, escuché un ruido. Perfecto, pensé. Si se despertó, podré aclarar mis dudas. Pero los ruidos no provenían de aquella habitación, en donde la desconocida descansaba, sino de la contigua. Un bebe comenzó a llorar. A pesar de mi nula experiencia, intenté calmarlo, lo cual al cabo de unos segundos, logré. Lo alcé en mis brazos, y comencé a inspeccionar su habitación. Unas fotos, colgadas en la pared, llamaron mi atención. Me acerqué para verlas de más cerca, y allí estaba YO. En cada una de aquellas fotos me encontraba, junto al bebe, y aquella mujer. La misma con la cual había despertado. Pude reconocer a mi mamá, a mi hermano y hasta mi papá en algunas de ellas . ¿Qué hacían todas esas personas ahí? ¿Qué hacía yo ahí? ¿Acaso todavía me encontraba soñando? Volví a dejar al bebe en su cuna y, determinado a aclarar las cosas, entré nuevamente al cuarto principal. En la mesita de luz había una cartera. No sin antes sentir algo de pudor y vergüenza, busqué un documento. Cuando finalmente lo encontré y vi su nombre, me paralicé. Era el nombre de una de mis primeras novias, de la cual me había separado antes de mi primer viaje a Europa.

Y allí me dí cuenta. No me encontraba en un sueño, mucho menos en un casa ajena, era yo, en una realidad paralela. Un mundo aparte, en donde mis decisiones del pasado, habían sido completamente diferentes. Era la misma persona, sin embargo, este nuevo Favio no había seguido las mismas acciones de aquel que conocía. Había decidido seguir trabajando en el Aeropuerto, y no renunciar para irse a trabajar a un hotel, había cancelado su viaje a Europa para quedarse con aquella novia, se había perdido su segundo viaje a Europa, no había conocido a su futura novia, ni siquiera pensaba en irse a vivir a Tucumán y seguramente no estaría escribiendo estas palabras. Me desesperé por un momento, y fue en ese instante, cuando mi mujer se levantó. ¿Cómo estás amor, te preparo el desayuno? – Me preguntó y se me quedó mirando. Por dentro esa desesperación, poco a poco, se fue transformando en alivio y felicidad. Quizás había tomando otras decisiones, quizás era otra vida, otra persona, pero era feliz, y con eso me bastaba.

Una pequeña decisión, un gran cambio
Imagen de commons.wikimedia.org

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Será por la vorágine que llevamos en nuestras vidas que fallamos en darnos cuenta que cada acción, cada decisión, por más pequeña e insignificantes que nos pueda parecer, tendrá el inmenso poder de cambiar radicalmente nuestro futuro. Elegir seguir o no en un empleo, irse o no a vivir a otra provincia, invitar a salir a aquella chica que tanto nos gusta, hacer el mismo trayecto hacia el trabajo o variarlo. Todo puede cambiar. Cada vez que me encuentro ante una situación así, me imagino dentro de mi auto. Frente a mi, un semáforo que en amarillo. ¿Qué hago, sigo o freno? Si decido seguir, sé que jamás podré volver hacia atrás y frenar. Ya existen dos mundos paralelos. Uno del Favio que siguió y otro de aquel que decidió frenar.

¿Qué hubiera sido de mí si mi padre se quedaba con aquella noviecita de la secundaria y nunca conocía a mi madre? Acaso ¿existiría? Inténtenlo, piensen en todos los hechos históricos, esa cadena de acciones y reacciones, que se dieron para que ustedes estén aquí leyendo esto, justo ahora. No les alcanzaría el tiempo de su vida para pensar cada detalle.

Solo sepan que de ahora en más ustedes tienen el poder. Se encuentran detrás del volante, y pueden girar a la derecha o a izquierda. Será su elección, y siempre tendrán una. Les doy un consejo, por más cursi que parezca, siempre elijan con el corazón. La cabeza podrá llevarlos por caminos más fáciles, o más difíciles, pero el corazón los llevará siempre a la felicidad.

En poco tiempo se enterarán de una nueva gran decisión que he tomado. Mis mundos se volverán a separar, una vez más. Carpe Diem.

Emoción VS Razón - Imagen de Broken Simulacra en flickr.com

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Comments

  1. Todas las elecciones nos dibujan el camino, más cada paso es necesario para explorarnos y vivir el presente en múltiples de dimensiones y personalidades para llegar a conocer nuestra verdadera esencia…lo más importante es ser auténtico con uno mismo siempre.
    Cada elección es perfecta…

    Te quiero Fa =)

  2. He llegado a tu blog, como siempre lo he echo en la vida con las cosas, el destino: eso que “algo” o “alguien” traza para cada uno de nosotros es muy fuerte, y siempre lo he dicho, las cosas pasan por que tienen que pasar, tu lo mencionas esas cosas pasan por que tu decides que pasen y la verdad después de leer tu post en una agradable y cálida mañana en el Caribe, me dispondré a tratar de cambiar de nuevo el sentido de mi vida, Gracias!…

    1. Author

      Robert,

      Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de ver diferentes las cosas. A veces hay que darle una mano, o un puntapié al destino para torcerlo a nuestro favor.

      Muchísima suerte

      Favio

  3. Gran post Favio!

    No sé si realmente te pasó en un sueño lo de la realidad paralela pero está bueno no saberlo, alimenta la imaginación. Dicho sea de paso, la mente está muy asociada al corazón, a veces en discrepancia a veces actuando en conjunto. como decían las publicidades…”ante cualquier duda, consulte a su corazón”.

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