Ángeles Coimeros

Salgo a la ruta y siento que me sumerjo en un cuadro de Van Gogh. Paisajes surreales me rodean. Atrás, adelante, a izquierda y derecha. Espero –inútilmente- que aparezca una gigante barra de inicio de Windows precediendo aquel fondo de pantalla. Es real, aunque parece un sueño. Admito que ver la obra maestra de la Pachamama es algo que nunca pasará de moda para mis ojos viajeros. Qué linda que es la Argentina.

Este es un Wallpaper de Windows, o no?

Este es un Wallpaper de Windows, o no?

Salí al ansiado encuentro con la ruta, y el recibimiento no podría haber sido mejor. Ni una nube en el cielo, picos nevados a mi derecha, interminables campos verdes a mi izquierda y Eddie Vedder con el soundtrack completo de “Into the Wild” en los parlantes. La sonrisa en el rostro se me iba dibujando a tal punto que me era imposible disimularla.

A lo lejos los picos nevados

A lo lejos los picos nevados

Fue con esa misma sonrisa que saludé al oficial que me paró en el primer control que enfrentaba. Otro chequeo rutinario, uno más de los cientos que pasé en mi viaje por el norte argentino, en mis dos idas y vueltas a Buenos Aires. Documento, cédula verde y carnet de conducir. Todo preparado en la guantera. Se fue y volvió al rato.

– “Seguro del vehículo y VTV, por favor”. Nunca, nunca, pero nunca me pidieron el seguro, mucho menos la VTV (Verificación Técnica Vehicular). Como decimos acá, le estaban buscando el pelo al huevo.

Le entregué el seguro que había impreso la noche anterior, esperando que por algún acto divino del todopoderoso, se olvidé de pedirme nuevamente la verificación técnica. El milagro no ocurrió. La entregué con resignación, sabiendo de antemano, que estaba vencida desde Agosto de 2013. Me la veía venir.

Empezó el tire y afloje. Mi mente viajó momentáneamente al Gran Bazaar en Estambul intentando recodar como era esto del arte del regateo, solo que ésta vez no era una prenda lo que estaba en cuestión, sino el pago de mi contribución. Finalmente acordamos el precio de dicha donación en $200, basándonos en que “eso era lo que salía comer en Tucumán”. No sé donde cenan estos muchachos, pero no es en ninguna sanguchería berreta. 20 minutos más tarde, con la sonrisa ya desdibujada, ofuscado y molesto, volví al viaje.

 “¿Por qué?”, me preguntaba una y otra vez. ¿Por qué en este momento me pasa esto? Justo cuando estoy intentando viajar con el mínimo gasto posible. La respuesta apareció una hora más tarde.

Todo pasa por algo” es una de mis frases de cabecera. Siempre que algo “malo” ocurre, hay que tener fe que a la vuelta de la esquina estará la respuesta. Todo, absolutamente todo –si nos para la policía, si paramos en la ruta a sacar una foto, si decidimos parar en esa estación de servicio y no esperar a la siguiente– repercute en nuestro futuro. Como fichas de domino que van cayendo, segundo tras segundo, decisión tras decisión, evento tras evento, no podemos olvidar que somos nosotros quienes tenemos el poder meter el dedo y cambiarlo todo. Cada decisión que tomamos, por más mínima que parezca, puede tener enormes repercusiones.

Catamarca desde las alturas de la Cuesta del Portezuelo

Catamarca desde las alturas de la Cuesta del Portezuelo 

Veo un tumulto de gente más adelante. Serán unas 80 personas, coches en la banquina, bomberos, policías por todos lados. Una coalición frontal había dejado como saldo 2 muertos, y tres autos que se asemejaban más a un acordeón que a un medio de transporte. “¿Hace cuanto pasó?” Me asomé a preguntar. “Hace unos 20 minutos más o menos” respondió un curioso vecino.

Muchos podrán continuar con su vida como si nada, algunos seguirán enojados con la coima que no tenían pensado pagar, otros verán esa desgracia simplemente como un choque más, uno de tantos que ocurren todos los días, y que vemos en los noticieros nocturnos. Yo decidí ver una señal. ¿Y si esos dos policías no me hubieran parado? ¿Y si tenía todo en orden y seguía camino sin ese interminable tire y afloje? ¿Y si ese auto que veía dado vuelta era el mismo que esperaba tras del mío en el control?

La noticia en el diario local

La noticia en el diario local

Quizás aquellos policías, cuyas madres recordé por más de 100 kilómetros, fueron mis ángeles guardianes. Quizás gracias a ellos hoy estoy aquí, escribiendo estas palabras. Nunca lo sabré, pero por algo me pararon. Eran coimeros si, pero ángeles al fin.

Comments

  1. Ufff muy buen post bro!
    Mas de una vez estuve al filo de un accidente, de un mal final, y siempre aparecio ese pequeño “traspié”, ese “inconveniente necesario” en mi camino, que me atrasó pero me salvo de una grande!!
    A seguir viajando!! Te veo pronto para enpezar a viajar!!

  2. solo espero que cuando muramos no nos cobren entradas para ir al reino de los cielos!!! jajajajajaj un beso y muy lindo articulo…

Deja tu comentario